lunes, septiembre 27, 2021
Venezolanos al día

Sacudiéndose a los panas — Pánico en palacio

Hay mucha tela ya cortada cuando se habla de lealtades automáticas y su diferencia con la complicidad mal entendida. En…


Hay mucha tela ya cortada cuando se habla de lealtades automáticas y su diferencia con la complicidad mal entendida. En muchos casos cuando se tienen amigos se crea un vínculo de complicidad que dependiendo de los valores que cada quien sostenga, se puede tergiversar hasta llegar a límites de delinquir conjuntamente e involucrarse en actos que comprometen a los «amigos» a niveles peligrosos. Pero cuando los compinches disfrutan del malandraje y cubren todo tipo de fechorías ya no como una complicidad sino como parte activa de la mala conducta, ya hablamos de sociedades con todo lo que eso implica. Allí distribuyen tareas y sacan provecho todos pues cada quién tiene su rol en la red criminal.

Esta gentuza, banda de amigotes y compadres casi todos del podrido mundo militar, que heredó la debacle del socialismo del siglo 21, se entienden muy bien en lo que a repartirse el botín llamado Venezuela se refiere, que por cierto es su patria y destacan por su gran pobreza humana. Hay montones de ellos pero el ejemplar que mejor expresa lo denigrante de esa casta es el desalmado narcocriminal internacional y solicitado por la justicia internacional Diosdado Cabello Rondón, alias «el pimentón» quien a raíz de todas estas buenas noticias de extradiciones expresó que Hugo Armando «el pollo» Carvajal Barrios, no era de los de ellos, demostrando el descaro y cinismo más grande que he podido ver. Mencionó que está ya curado de traidores y que ya eso no le afecta tanto, recordando, me imagino cuánto sufrió cuando en Aruba la interpol lo detuvo por unas horas. Negociaron y amenazaron a diestra y siniestra ( tipo la defensa a ultranza de Alex Saab) hasta que lograron su liberación, alegría que sellaron con un emotivo abrazo fraterno al recibirlo en un acto dedicado a su pana del alma.

Este par, Hugo Armando y Diosdado eran los hombres de mayor confianza de Hugo Chávez y cumplían a cabalidad las órdenes de su jefe razón por la cual se convirtieron en los máximos jefes del cártel de los soles.

No he visto hasta el día de hoy que nadie haya denunciado que Hugo Chávez impulsó una política de estado bastante solapada en su época utilizando el territorio nacional como trampolín para inundar a los Estados Unidos de drogas.

Recordemos la tesis puesta en práctica por el padre de la maldad en Latinoamérica: Fidel Castro el teórico de la ética revolucionaria narcotraficante: venderle el perico con el que se envenenan los gringos, recibiendo a cambio el dinero con el que financiarás el combate contra los gringos. Una teoría perversamente inteligente, dicho sea de paso, porque es una de esas cosas de Fidel, donde se sustenta una maldad con un supuesto fin noble. En este caso, el fin noble es la destrucción de los EEUU. La maldad no es tan mala si persigue un fin “revolucionario”.

Fidel inventó esa tesis bien temprano en los años 80 del siglo pasado, cuando empezaba a ponerse difícil la cosa para seguir financiando guerras fuera de Cuba, disfrazadas demisiones internacionalistas”.

Desde luego el diabólico de Hugo Chávez quiso superar a su maestro y por eso vemos los dos más sobresalientes hijos de Chávez, Hugo Carvajal, «el pollo» y Diosdado Cabello se dedicaron con mucho esmero a profundizar esa práctica por el odio y resentimiento que sienten en contra de los países desarrollados. Nicolás Maduro entra en estos carteles del narcoterror después y ahora es uno de sus actores más activos creando su propio cártel junto con su esposa Cilia Flores y la mejor prueba son sus sobrinos pagando pena por tráfico de drogas en los Estados Unidos.

Por todos lados se descose este entramado torcido y destructor y para agregar más evidencias está lo que denunció el pasado miércoles en el marco de la 76 asamblea anual de la O.N.U, el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei Falla, quien afirmó que más del 95 % de la droga que entra a su país y países vecinos, PROVIENE DE VENEZUELA.

¿Quién es el jefe de los aeropuertos, puertos, aduanas en toda Venezuela?

Nada más y nada menos que el hermano de Diosdado, José David Cabello Rondón, el denominado administrador del cártel de los soles.

Para los incrédulos, una clara demostración fue la entrega de buena parte del territorio a la narcoguerrilla colombiana con el objetivo bien claro de impulsar el narcotráfico y el terrorismo internacional.

El estado Monagas fue un claro ejemplo que utilizaron «el pollo» y Diosdado con la compra de varias fincas para hacer las caletas o bunkers (cuartos subterráneos de 4X4) para guardar Dólares y Euros, que por cierto Diosdado y su hermano se quedaron con buena parte del botín.

¿Pueden creer que estos crueles criminales son los que tienen casi el 70 % del mercado internacional de la colocación y distribución de la droga que está destruyendo a millones de jóvenes en todo el mundo, van a permitir entregar el gobierno por vía electoral, o sea, la farsa del 21 de noviembre?

Allí es donde se aplica la tesis del poeta y cantautor argentino, Facundo Cabral, la cual comparto plenamente: solamente le tengo miedo a los pendejos ¿por qué? porque son muchos y no se puede cubrir un frente tan amplio y al ser mayoría son peligrosos y pueden elegir hasta el presidente. Yo agregaría, por eso estamos viendo a un sector del pueblo de Venezuela haciendo el papel de triples pendejos, que a pesar de la advertencia documentada sobre el descarado fraude que no se elige, sino adjudicaran algunas gobernaciones y alcaldías a los más dóciles de la «oposición» y Maduro junto con sus instituciones quedará relegitimado ante el mundo.

Total que allí están, esos amigos del alma, sacudiéndose el uno del otro, si te he visto ni me acuerdo, se lanzan puñales y se acusan de traidores estos pobres diablos que viven un infierno pues sus vidas se limitan a tener pánico de quién te rodea y a desconfiar hasta de sus sombras.

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